Ayalgas: Son una variante de las Xanas, pero se diferencian primordialmente en que se tratan de seres humanos. Son hermosas doncellas que son llevadas al mundo de los elementales por poseer alguna cualidad extraña a nuestro entendimiento. Generalmente su misión es la de guardianas de los tesoros de las grutas, junto con el temible Cuelebre.

Estas jóvenes sienten al principio una gran tristeza por no estar con los suyos y la expresaban cantando bellas y enigmáticas canciones en la entrada de las cuevas, este canto atraía a los pastores y viajeros que pasaban por las cercanías, y si la Ayalga aun tenia naturaleza humana le avisaba de los peligros de despertar al Cuelebre que dormitaba en el interior.

Ellas pueden conseguir volver a su vida humana, pero no hasta que el visitante consiga matar al dragón.

Aun hoy se recuerdan historias de encuentros de pastores con estos seres, en los que la dama enamoraba y explicaba al visitante como conseguir los valiosos tesoros del interior, una vez logrado regresaban al pueblo y la Ayalga se casaba con el hombre mortal y perdía todos los poderes que los espíritus de la Naturaleza le habían otorgado, como su bella voz y el entendimiento del lenguaje de animales y plantas, a su vez olvidaba para siempre sus recuerdos de convivencia del reino de las hadas. Sin embargo esto no sucedía siempre y el paso del tiempo diluía su naturaleza mortal, convirtiéndose en seres inmortales.

 

Las "Chalgas" o tesoros escondidos es algo consustancial con nuestra tierra asturiana, ya que no hay pueblo o aldea, por remotos que sean, donde no se hallen leyendas de tesoros escondidos, casi siempre atribuidos a los moros.

Aunque en las descripciones. de los primeros estudiosos se utiliza el nombre para los tesoros, mientras a las jóvenes doncellas que los custodian son conocidas como atalayas, -el introductor del término parece ser Juan Meriéndez Pidal, al que luego sigue Rogelio Jove y Bravo, mientras los pioneros Laverde y Agüero no las nombran específicamente -los estudios posteriores asimilaron el término a ambos y las hacen prácticamente semejantes a las xanas, por su singular belleza y juventud, aunque parece que se diferencian de éstas en que las jóvenes doncellas son seres humanos encantados, mientras que las xanas no están siempre encantadas.
Debido a su penosa situación, presentan habitualmente una expresión de gran tristeza, cantando bellas, pero melancólicas canciones, mientras el cuélebre permanece atento a sus movimientos, excepto el día de San Juan, en que entra en un sopor irresistible, momento en que se les puede desencantar.

Alvarez Peña, considera que se está llegando a una confusión entre la denominación del tesoro y de la doncella, matizando que el término "Chalga" se refiere solo al tesoro custodiado por ellas, que serían, por deducción de noticias recogidas en Piloña, etc., princesitas encantadas o moras castigadas por su infedilidad. o apostasía, de acuerdo a múltiples noticias. El mito suele estar relacionado con un contexto "pre" o "protohistórico" (presencia de cuevas, dólmenes, túmulos, etc.), como hemos podido constatar en la llamada Cova dos Mouros (Boal) o en el castro del Monte das Coroas, en La Roda (Tapia).
Para algunos de los modernos estudiosos del folklore tradicional asturiano, como Xuan X. Sánchez Vicente y Luciano Castañón, el mito no es más que una mixtificación, un invento erudito, acusación muy habitual en estos temas donde los testimonios se van haciendo tan vaporosos como las mismas doncellas.

En cambio, Ramón Baragaño, aún dudando de su pertenencia real al patrimonio astur, considerando que es posible que los pioneros hallan engrosado el mismo con mitos de regiones fronterizas a la nuestra, considera discutible la tesis reduccionista de nuestros mitos, abanderada por el anterior, muy en la línea de los "puristas", que inició el inolvidable Aurelio del Llano, y define las "chalgas" como jóvenes hermosas que viven en palacios encantados, guardando enormes tesoros, pudiendo desencantarse en la mañana mágica de San Juan, ya que el cuélebre se duerme profundamente. Siguiendo el hilo argumental de los primeros estudiosos, como Tomás Cipriano Agüero, describe la escena considerando que las jóvenes doncellas se aparecen rodeadas de una tenue llama, que se puede apagar con una ramita de sauce -el valor profiláctico del sauce era conocido desde la más remota antigüedad; su concreción clínica actual se da a través del ácido acetilsalicílico, popularmente la aspirina-; cuando la llamita se apaga, el camino se abre para el intrépido joven, que penetra en la cueva siguiendo a la bella doncella, a la que ase por el ceñidor de su talle, hasta que llega al tesoro. Gumersindo Laverde, coetáneo del anterior, había añadido a la anterior descripción algunos detalles nuevos, tales como que las jóvenes, que considera son algo menos bellas que las xanas, están custodiadas por cuélebres y la causa de su encantamiento y consiguiente desgracia han sido algunas faltas.

Nuestra tesis es la de mantener, a falta de pruebas más contundentes, éste y otros mitos en el catálogo tradicional, bien que con el rótulo de "dudosos". Y es que, en su incesante rastreo por toda la geografía asturiana, Alvarez Peña ha podido documentar algunas leyendas relacionadas con estas jóvenes doncellas, significativamente diferentes de las vinculadas a las xanas. Así, al citado autor se le debe la transcripción de la bella historia que le refirieron en Perlunes (Somiedo), en que una joven doncella encantada le dice al paisano que aparecerá como serpiente y se le enroscará y que si no le teme y cita a Dios o los Santos, haga lo que haga, poseerá sus tesoros. El paisano superó el susto inicial, pero al ver que se le enroscaba y le silbaba ya en la cara, recurrió a Dios y la serpiente y el tesoro se esfumaron. En el área citada, este autor recoge la leyenda de los tres besos a la culebra, que es mucho más habitual en toda el occidente asturiano (lo hemos hallado con mínimas variantes en lugares tan distantes como Vegadeo y Valdés). Actualiza también el referido autor la conocida leyenda del lago somedano, donde hay un mundo subterráneo mágico donde una reina encantada guarda sus tesoros, con ayuda de fieros cuélebres.