Presenta el cuerpo con forma de globo, algo achatado. La concha está formada por placas calcáreas soldadas entre sí con unos orificios en las zonas ambulacrales por los que salen los pies ambulacrales que ayudan en la locomoción. Las espinas, móviles, se articulan sobre la concha. Son de color violeta, verde o negro.
 Vive sobre los fondos rocosos, en sociedad, formando grupos numerosos. Pueden excavar las rocas formando una cavidad sobre la que se instala. Se encuentran hasta los 30 m. de profundidad.
Se mueven gracias a los pies ambulacrales buscando algas y restos de animales. Tienen un poderoso aparato masticador formado por cinco gruesos dientes calcáreos.
  
Tanto los machos como las hembras son iguales, sin trazos externos que los distingan. La fecundación es externa, ocurre en el agua del mar.
  
Con espejo y truel, también con dragas. Últimamente se emplean equipos de buceo.

Erizos de mar, esos incomprendidos

Los erizos de mar son quizás uno de los mariscos más deliciosos que podamos encontrar en nuestras costas y sin embargo apenas se les da aprecio en Galicia.

Es cuestión de modas ya que por ejemplo los percebes fueron hasta hace relativamente poco tiempo considerados como aperitivo de segunda y desde que los consumidores madrileños empezaron a pagar cualquier disparate por el refrescante marisco, su precio subió hasta las nubes.
El erizo es sin embargo apreciado en otras regiones como Asturias y no digamos ya en Cataluña donde restaurantes como El Dorado Petit cobra la media docena al mismo precio que las ostras doble cero. El celebre escritor pontevedrés Julio Camba decía: El erizo es un extracto de mar, un hálito de borrascas, una esencia de tempestades.
Al primero que uno se toma, la boca no se le hace simplemente agua: se le hace agua de mar con todos los olores y sabores marinos. Y después de tomarse quince o veinte docenas - porque el tomar este marisco no es comer ni beber, sino respirar en pleno Océano - , la langosta le sabrá a uno a galápago y las mejores almejas a neumático de automóvil.
Termina su apología del erizo diciendo: No hay marisco alguno que sintetice el mar de un modo tan perfecto como el erizo, pero ¡qué vamos a hacerle!...

Pues eso ¡qué vamos a hacerle! los estereotipados consumidores de marisco gallegos prefieren una grasienta centolla francesa criada con pienso artificial o una insulsa cigala mauritana congelada cuando el desembarco de Alhucemas, a esta delicia marina.

Los que si se han despertado ya son los traficantes que en vista de los pingues beneficios que están obteniendo los conserveros asturianos con el llamado "caviar de Oricios" (una horterada gastronomosemántica), se han puesto también a envasar las gónadas de estos prehistóricos equinodermos, lo que ya a motivado que los sufridos ciudadanos que esperábamos con anhelo las mareas de Febrero para coger un saquito y disfrutarlo con los amiguetes, tengamos que comportarnos como delincuentes ya que los mariscadores lo consideran como negocio, ¡qué vamos a hacerle!

De todas formas si tienen ustedes la oportunidad en estos días de conseguir algunos erizos, olvídense de cocerlos o hacer con ellos ninguna filigrana culinaria, la forma más exquisita de degustarlos es crudos, partiendo la cáscara por la mitad, sacando con una cucharilla una a una las gónadas (también llamadas huevas o lenguas por su color rojo) y sintiendo el perfume a yodo que nos invade hasta el cerebro cada vez que paladeamos una de ellas.