La Güestia es un cortejo de almas en pena, que portan huesos encendidos a modo de cirios, para alumbrarse, y se cubren con sudarios blancos.
También se llama Huestia, la Buena Gente y la Santa Compaña.
Estas procesiones salen de los cementerios para ir a visitar a las personas próximas a morir, mientras caminan van tocando una campanilla y cantando una salmodia ininteligible.
Este ritual lo observan durante tres ocasiones, al término de las cuales el enfermo muere.
Quien se encuentre con la Güestia y no tenga sitio dónde ocultarse, ha de trazar un círculo en el suelo e introducirse en él. Este círculo es siempre respetado por la nocturna comitiva.
En esencia se trata de una procesión de almas en pena, difuntos que por lo mezquino de sus vidas, vagan eternamente vestidos con mortajas blancas y llevando cada uno dos velas encendidas en la mano, aunque en algunos lugares aseguran que lo que llevan son huesos presumiblemente humanos; van caminando en doble fila; también es habitual verles rondar el atrio de las iglesias gimoteando y el que va abriendo el cortejo toca en silencio una fúnebre campana

El objetivo de la güestia es evidentemente proselitista: llegar a la casa de un enfermo con mala conciencia de su vida, rodearla tres veces en completo silencio y al terminar la última, echarse a llorar amargamente, apagando las velas para que el enfermo muera de penas y pase entonces su alma a engrosar las filas de la güestia, apareciendo entonces su imagen en el ataúd que antes portaban vacío cuatro de los espectros; la ronda suele durar siete noches en las que los vivos sólo escuchan lamentos tristes y lastímeros gemidos

La güestia suele murmurar cuando ronda cerca de las huertas:

"cuando yéramos vivos, andábemos a figos,
y agora que tamos muertos, andemos por estos güertos
¡andar, andar, hasta el tueru la figar!"

y cuando alguien despistado se cruza con ella se la suele oír rechinar:

"andai de día, que la nuechi ye mía"

en asturias recibe muchos nombres, así está la güáspida, la estantigua, la huóstiga, la hostia vaqueira, la burra parda,...

para evitar el peligro de que al pasear por la noche te encuentres cara a cara con la fúnebre comitiva y te lleve consigo, hay una serie de remedios:

1)       Lo fundamental consiste en no entrar a formar parte del séquito de la güestia

2)        Dibuja en el suelo rápidamente el círculo de salomón con una vara de olivo       bendecida en domingo de ramos

3)        Métete dentro del círculo y no mires ni salgas de él hasta que la güestia haya pasado

4) A falta de lo anterior también vale salir poniendo los pies en polvorosa

Es un mito de procedencia indoeuropea, posteriormente cristianizado, que parece proceder etimológicamente de "hostis antiquus", que para Constantino Cabal sería un ejército o multitud de almas, de carácter maligno, mientras que Aurelio del Llano lo traduce como "hueste antigua = ejército de diablos". De hecho, en las viejas mitologías de esta área indoeuropea, hallamos divinidades como Votan, que conduce un ejército de almas; curiosamente, Álvarez Peña ha constatado que en Pravia y lugares cercanos, la "Güestia" se acompaña de "la pirriría", es decir, un cortejo macabro de muertos y de perros.

 

Por tanto, podemos describir la Güestia (más usado en la zona centro?oriental de Asturias, aunque en Llanes es la Estantigua) o Santa Compañía (en Occidente, aunque también se le conoce como "Guáspida" en Cudillero; "Hostia" entre los vaqueiros y "Bona Xenté) como una procesión nocturna de almas en pena, que son seres incorpóreos, que portan cirios encendidos que, vistos de cerca, son huesos humanos; hacen sonar la campanilla que anuncia su paso y a veces se les vio portando un cadáver. Así, como dicen en Tineo, La Houstia es una procesión de almas que portan huesos encendidos como cirios y caminan en busca de nuevos muertos; sólo se acercan a la iglesia el día de Difuntos, lo que refuerza la idea de que se trata de una procesión diabólica.
A aquellos con los que se topan, acostumbran a murmurarles: "Andai de día, que la noche ya mía" o "Condo tábamos vivos andábamos a estos figos; ahora que tamos muertos, andamos por estos güertos". Si algún incauto recibía el cirio que le ofrecía un alma, debía devolverlo cuando volviese a pasar o estaría condenado a morir en el año. El carácter astur, pronto a pasar de fanfarrón a medroso, halló pronto respuesta a tan infernal procesión, que consistía en encerrarse en un círculo trazado en el suelo, o echarse cuerpo a tierra sin mirarles a la cara. El popular temor a las ánimas fue desapareciendo paulatinamente al proliferar las procesiones y rezos de las Cofradías de Ánimas, que tanto proliferaron en Asturias en los s. XVII-XVIII.

Dicen los folkloristas que al lado del mito se mueven bromistas o incluso frailes, en busca de más misas de ánimas, como le han relatado a Alberto Álvarez Peña algunos vecinos de las aldeas de montaña de Cornellana; o la que transcribe Alfredo Álvarez de San Cristuobo (Villayón): un paisano vio venir luces hacía él y sacando el bastón, las retó: "Sodes ánimas en pena o sodes xente que quier tolena", y se esfumaron las luces. Pero en el sentir popular, son los difuntos que vuelven, para reparar faltas o pedir misas, como el mismo autor constató en Aldín (Valdés) o Llanera o nosotros mismos en las aldeas de Boal. Sin duda, guardan relación con este mito los temores nocturnos a los cementerios; el respeto a los fuegos fatuos, que en los pueblos marinos de Occidente creen que son las almas de los ahogados (según J. E. Casariego); el reverencial temor a las apariciones de los enterrados con hábito, que no descansan hasta que se les quita, como hemos oido contar en Puerto de Vega en nuestra niñez: Chaman a la puorta. ¿Daquén será? Nun ya nadie, xá se foi. Nun me vou, nun me vou, nun me vou, que ná primeira escaleira tóu"; el "güerco" o despedida del moribundo de sus amistades o el poco conocido mito del "carro de la muerte".

En relación con este mito, hay otro muy extendido, el de 'LA PANTASMA", que en Tineo es un caballero que murió en pecado tras un adulterio al caer del caballo y vaga por los bosques en su blanco rocín; en el pueblo de Pedra, de la parroquia de Valdepares (El Franco) está la leyenda de la "Luz del Arca", según la cual un hidalgo cruel murió en pecado y su alma vaga por los pantanos en forma de fuegos fatuos. En Vega, el fraile de piedra que preside un nicho tiene un libro en la mano también de piedra, pero si lo miras al día siguiente, ha cambiado la página; en Coaña, los huesos de un fraile, esparcidos por donde estaba el antiguo cementerio, se juntan de noche y el espectro vaga por aquellos parajes; aún más conocidas son las leyendas de la torre de Villandás y del torreón de Coalla, ambas en Grado, como cita A. Peña; en la primera había un fantasma que atemorizaba a los vecinos, que un buen día derribaron las ruinas; en el segundo, dicen que aún mora el espíritu de Gonzalo Peláez de Coalla, el levantisco noble medieval.

Asturias es uno de los sitios mágicos de España, ven y pasea por sus bosques; quien sabe, quizás durante la noche de san Xuan te hechice una Xana, o un pastor, y no puedas abandonar nunca más estas tierras...

En castellano La Hueste. Es un desfile de fantasmas , un grupo mitológico compuesto por una procesión de difuntos que vagan en la noche sin rumbo. Equivales  la Santa Compaña gallega y también se les conoce como la Buena Gente. Son unos ángeles    sin cielo que recuerdan a los vivos las consecuencias del pecado.

Cuando en la aldea hay un moribundo acuden a la caída de la noche portando un ataúd. Al llegar a la casa del enfermo le dan tres vueltas y el hombre muere y una replica de su cuerpo ocupa el féretro que se llevan entre cánticos fúnebres. Cuando se alejan apagan las antorchas y se pierden en la oscuridad. El fin de La Huestia era más el servir de consuelo a los difuntos en el trance supremo, que infundir temor a los vivos, recordándoles la finitud de la vida.
Parece ser que los miembros del cortejo son los espíritus de aquellos que el finado conoció en vida y que viajaron a la última morada antes que él.

Hay otra versión que equipara este grupo con un ejército desconocido que vaga perdido en la noche y que acarrea la muerte y la destrucción. En ese caso, comparando esta con la primera versión, se sustituye el efecto por la causa, relacionando lo fúnebre con aquello que lo provoca.
En muchos rincones de Asturias se identifica La Huestia con grupos de monjes que se disfrazaban por las noches para aliviar el rigor de sus votos o con el pequeño cortejo de sacerdote y acólitos que acuden con la premura de la agonía a administrar el viático al moribundo.

Entre los mitos homólogos de otras culturas hay que considerar las Walkyrias nórdicas, que forman el cortejo que traslada a los héroes al Walhalla o paraíso de las almas puras.

La Güestia es un cortejo de almas en pena, que portan huesos encendidos a modo de cirios, para alumbrarse, y se cubren con sudarios blancos.
También se llama Huestia, la Buena Gente y la Santa Compaña.
Estas procesiones salen de los cementerios para ir a visitar a las personas próximas a morir, mientras caminan van tocando una campanilla y cantando una salmodia ininteligible
Este ritual lo observan durante tres ocasiones, al término de las cuales el enfermo muere.
Quien se encuentre con la Güestia y no tenga sitio dónde ocultarse, ha de trazar un círculo en el suelo e introducirse en él. Este círculo o es siempre respetado por la nocturna
comitiva.